Última vez

Estos últimos meses he estado pensando mucho en esas situaciones en las que te das cuenta de que aquella fue la última vez que hiciste algo, sin ser consciente de que era la última vez que la hacías.

Normalmente, ese algo tiene una cierta importancia para llegar a  hacerte parar a pensar que ya no habrá otra vez así, para hacerte creer que si lo hubieras sabido… si  lo hubieras sido consciente, hubiera sido diferente, hubiera tenido mayor parafernalia. Quizás lo importante no es el algo, si no el alguien con quien nunca volverás a hacer ese algo.

Todo esto me recuerda una frase muy típica de estados de whatsapp que es “Madurar es aprender a decir adiós”. La verdad es que yo llevo considerándose una persona madura desde hace mucho tiempo, pero desde la perspectiva de saber decir adiós, he de decir que no lo soy y no se si alguna vez llegaré a conseguirlo ser.

Por eso llego a estas conclusiones, por eso miro atrás y percibo esas últimas veces que no sabía que eran las últimas veces. Al fin y al cabo, eso es decir adiós y asumirlo.

Ya he utilizado la palabra parafernalia en este texto al referirme a esa otra forma no natural de hacer que una última vez sea especial. Es simplemente purpurina que luego hay que barrer cuando la puerta se cierra sin remedio. ¿Merece entonces realmente la pena?

Todo parece estar previamente pensado; como el texto de un guión, las situaciones se van desarrollando de tal forma que tarde o temprano ese final, esa última vez cobra sentido para bien o para mal.

Guiones con final ilimitado que convierten un adiós en un hasta luego y esa última vez en simplemente, aquella otra vez.

O guiones con final determinado por la decepción al constatar que aquella última vez no era tan importante, ni ese algo, ni ese alguien: que era prescindible, irreal, dañina… una mentira. Así que, qué mejor que decir alto y claro: ADIÓS.

 

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Publicado en Pensamientos

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